Inicio / Medio Ambiente / Economía circular / Biodegradando bulos sobre los bioplásticos

Biodegradando bulos sobre los bioplásticos

Acumulación de plásticos y residuos en un vertedero; una imagen que invita a reflexionar sobre el impacto ambiental y la importancia de conocer qué son realmente los bioplásticos.

Cuando se habla de bioplásticos, el debate suele dividirse en dos extremos: los que creen que la etiqueta “bio” borra mágicamente el impacto ambiental de un producto, y los que lo relacionan directamente con una estrategia de marketing sin ningún tipo de impacto positivo en el planeta. 

Como suele ocurrir, la verdad es mucho más compleja que esto, y la ciencia y la legislación nos pueden ayudar a entender el punto medio. En este artículo, desmentiremos algunos bulos y aclararemos conceptos clave sobre esta tendencia verde. 

1. Si pone “bio” es que se degrada rápido

No necesariamente. El término bioplástico puede resultar un poco confuso, ya que engloba diferentes tipos de productos. Un bioplástico puede ser tanto un plástico biobasado, biodegradable o ambas opciones a la vez. Pero, ¿qué diferencia hay entre estos conceptos? 

Los plásticos biobasados son aquellos que se obtienen total o parcialmente a partir de material vegetal —como maíz, trigo o caña de azúcar— en lugar de petróleo.  Es decir, el término biobasado hace referencia únicamente a su origen, mientras que biodegradable se refiere a su capacidad de descomponerse bajo ciertas condiciones. Aquí está la clave: el prefijo “bio” no tiene por qué hacer referencia a su degradación. 

Por otro lado, muchas personas tienden a pensar que el origen vegetal de los plásticos biobasados los hace más susceptibles a descomponerse. Pero lo que realmente importa para que sea biodegradable es su estructura química. En muchos casos, los plásticos biobasados pueden comportarse igual que los plásticos convencionales y permanecer décadas sin degradarse.

Pongamos un ejemplo. El polietileno (PE) es uno de los plásticos más usados del mundo y está formado por la unión de muchas moléculas de etileno. Para producir esta estructura característica, se puede partir tanto de petróleo como de material vegetal de cultivos como el maíz. 

En este último caso, aunque se llamase biopolietileno, las moléculas que lo forman serían las mismas. Es precisamente esta composición química lo que dificulta tanto su degradación en el medio ambiente, generando los ya conocidos problemas asociados al uso excesivo de plásticos. En definitiva, aunque lleve la etiqueta “bio”, no está exento de acumularse en nuestros océanos y alterar nuestros ecosistemas. 

2. ¿Son realmente sostenibles los bioplásticos?

Más allá del bulo anterior, existe cierta controversia sobre la sostenibilidad de estos plásticos. Actualmente, los plásticos biobasados provienen principalmente de cultivos dedicados exclusivamente a la fabricación de estos materiales. Muchos argumentan que esto desestima su impacto positivo, ya que utilizan tierras de cultivo que podrían destinarse a la alimentación, al tiempo que consumen recursos como fertilizantes, pesticidas y agua. 

Pero esto tampoco les quita todo su mérito. Aunque procedan de cultivos agrícolas, reducen nuestra dependencia del petróleo, y esto tiene una serie de beneficios tanto sociales como ambientales. 

Durante el desarrollo de los cultivos agrícolas destinados a los bioplásticos, las plantas capturan CO₂ de la atmósfera gracias a la fotosíntesis.  Cuando estos materiales se degradan, el CO₂ vuelve a liberarse, pero sin añadir carbono nuevo al sistema. En cambio, los plásticos derivados del petróleo liberan carbono que llevaba atrapado millones de años en el subsuelo. Esto contribuye a que los bioplásticos puedan tener una huella de carbono total más baja. 

Ahora bien,  para determinar su huella de carbono, es fundamental tener en cuenta su gestión global. Si su producción requiere de deforestación, uso excesivo de fertilizantes o transporte ineficiente, las desventajas pueden superar los beneficios. Lo mismo ocurre con su procesamiento y reciclaje. Al final, la clave está en una gestión eficiente y consciente de los recursos. 

3. “Si es biodegradable, no contamina”

Ya tenemos claro que biobasado no significa biodegradable, pero surge otra pregunta: ¿hasta qué punto lo biodegradable es una solución real?

Para que un bioplástico se considere biodegradable, debe poder descomponerse gracias a la acción de microorganismos, transformándose en productos más simples. Pero este proceso no es tan sencillo: necesita de condiciones concretas de temperatura, humedad y presencia de microorganismos. Es decir, no es lo mismo que un plástico biodegradable termine en el océano, que en agua dulce o en un suelo agrícola. El entorno influye mucho en el tiempo que tarda en descomponerse, pudiendo variar de meses hasta años, generando durante este tiempo un impacto ambiental considerable. 

De hecho, no existe una legislación europea específica que determine cuánto debería tardar un plástico biodegradable en descomponerse. Esto quiere decir que un producto puede etiquetarse como “biodegradable” sin cumplir un plazo concreto o comportarse igual en todos los entornos. 

En cambio, las normas sí son más claras para una categoría dentro de los plásticos biodegradables: los compostables. Estos materiales están diseñados para degradarse solo bajo condiciones controladas de compostaje, y deben hacerlo en un mínimo del 90% en 6 meses. Pero, una vez más, las condiciones son clave. Los plásticos compostables están pensados para degradarse en instalaciones industriales, no en el medio ambiente ni en composteras domésticas, donde el tiempo necesario puede expandirse bastante. 

El verdadero problema: el modelo de consumo

En definitiva, el problema del plástico no se soluciona con tan solo sustituir un material por otro. Más allá de esto, deberíamos plantearnos por qué utilizamos tantos envases, cómo podemos reducir su consumo excesivo, aumentar la reutilización y garantizar una buena gestión y reciclaje de los residuos. O lo que es lo mismo, plantearnos el modelo de economía circular.

Eso sí, esto no quiere decir que la ciencia y la industria no avancen: no todo es marketing, el proceso de encontrar mejores materiales, que utilicen residuos de otras industrias y reduzcan su tiempo de degradación, requiere de tiempo, innovación y confianza.  

Bibliografía

  1. European Commission, Directorate-General for Research and Innovation. (2020, 14 diciembre). Biodegradability of plastics in the open environment: Scientific Opinion. Publications Office of the European Union. https://op.europa.eu/en/web/eu-law-and-publications/publication-detail/-/publication/0c0d6267-433a-11eb-b27b-01aa75ed71a1 Research and innovation+1
  2. European Commission. (2022, 30 noviembre). Communication from the Commission to the European Parliament, the Council, the European Economic and Social Committee and the Committee of the Regions: EU policy framework on biobased, biodegradable and compostable plastics (COM(2022) 682 final). https://eur-lex.europa.eu/legal-content/EN/TXT/?uri=CELEX:52022DC0682
  3. Goel, V., Luthra, P., Kapur, G. S., & Ramakumar, S. S. V. (2021). Biodegradable/bio-plastics: myths and realities. Journal of Polymers and the Environment, 29(10), 3079-3104.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *