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Microbiota y extinción: la red secreta que estamos perdiendo

Cuando desaparece una planta silvestre, no solo perdemos la especie, sino también la microbiota que la sostiene. En este artículo explicamos por qué estas interacciones invisibles son esenciales para los ecosistemas y para el futuro de la agricultura.

¿Qué es la microbiota vegetal y por qué importa?

Las plantas no son organismos aislados. Gracias al avance de la investigación, se entienden cada vez más como una red de interacciones con otros seres vivos, un sistema complejo que condiciona su capacidad para sobrevivir

Entre estas interacciones, destacan las que se dan con microorganismos. Y es que, aunque la palabra microbiota se suela asociar a la salud humana, también está ganando relevancia en el mundo vegetal. 

La raíz y su microbiota: clave para la salud vegetal

La microbiota vegetal hace referencia al conjunto de microorganismos —como bacterias y hongos— que viven asociados a la planta. Al ser organismos tan diferentes, también pueden realizar funciones muy dispares. Esto supone un beneficio para la planta, aportando estrategias diferentes que mejoran el acceso a nutrientes, el crecimiento vegetal, la resistencia a enfermedades, así como su tolerancia a estrés. 

Es por esto que muchos investigadores conciben la planta y su microbiota como una unidad funcional, a lo que se refieren con el término holobionte: un sistema biológico complejo en el que ambos se influyen mutuamente y evolucionan de manera coordinada. 

La raíz es una de las zonas donde mejor conocemos esta relación. Aquí, los microorganismos habitan tanto en el interior de las raíces como en el suelo adherido a ellas, formando comunidades esenciales para la salud de la planta, ya que es el tejido por donde esta toma los nutrientes y el agua necesarios para su desarrollo.  

Su papel es tan importante que, sin microbiota, muchas plantas ven su crecimiento reducido o incluso no logran sobrevivir en suelos naturales. Esta relación se hace evidente en numerosos ejemplos bien estudiados:

  • Hongos micorrícicos, que se asocian a más del 80% de las plantas vasculares, proporcionándoles la mayor parte del fósforo que necesitan para su supervivencia. 
  • Bacterias del género Rhizobium, esenciales para que las plantas leguminosas obtengan nitrógeno en suelos pobres en este. 
  • Suelos supresivos, cuya microbiota bloquea de forma natural el desarrollo de patógenos vegetales. 
Esquema de la rizosfera y sus principales componentes microbianos, incluyendo nódulos bacterianos y asociaciones con hongos micorrícicos arbusculares (AMF). Tomado de Philippot et al., 2013.

Esquema de la rizosfera y sus principales componentes microbianos, incluyendo nódulos bacterianos y asociaciones con hongos micorrícicos arbusculares (AMF). Tomado de Philippot et al., 2013.

El efecto de la agricultura en la microbiota vegetal

Ahora pensemos en un sistema agrícola típico: cultivos intensivos, con un alto número de plantas por hectárea, monocultivos y uso de fertilizantes y pesticidas. Surge entonces la pregunta: ¿cómo afecta esto a la microbiota del suelo y de la raíz?

Esta es la cuestión que muchos investigadores se han planteado en las últimas décadas. En principio, resulta lógico pensar que estos factores puedan afectar a la microbiota. Al fin y al cabo, el uso de fertilizantes impacta directamente sobre el nivel de nutrientes del suelo, de los cuales los microorganismos se alimentan. Además, la interacción microorganismo-planta depende de los nutrientes presentes en el suelo. Por ejemplo, si existe un nivel de nitrógeno suficiente, la interacción con un microorganismo que participe en este proceso puede no verse tan favorecida. 

El reto está en medir este impacto: no basta con saber cuántos microorganismos hay, sino qué funciones cumplen, cómo varía su diversidad y cómo afecta esto al crecimiento vegetal.  Esto lleva a una pregunta central: ¿qué consideramos como la “microbiota original” de una planta y hasta qué punto se ve modificada por la actividad humana? 

Plantas silvestres: un almacén de interacciones por descubrir

Para responder esta pregunta, una estrategia muy interesante es comparar la microbiota de plantas silvestres y plantas cultivadas. Diversos estudios apuntan a que las plantas silvestres albergan una microbiota más diversa que las variedades domesticadas y que las ayudan a prosperar en su entorno. 

Durante miles de años, las plantas y sus microorganismos han coevolucionado en ecosistemas poco alterados, ajustando sus señales químicas y su manera de colaborar. Gracias a este largo proceso, se forman interacciones que favorecen el equilibrio de los ecosistemas ante fluctuaciones ambientales. 

En cambio, la domesticación y la agricultura moderna se centran en seleccionar rasgos vegetales relacionados con el rendimiento, sin tener en cuenta la microbiota de la planta. Además, el uso de fertilizantes puede reducir la necesidad de las plantas de interaccionar con ciertos microorganismos, como los hongos micorrícicos, reduciendo la frecuencia de esta interacción.  

Además, las plantas silvestres tienen una mayor variabilidad genética. Esto les permite asociarse con un abanico más amplio de microorganismos, siendo una reserva única de funciones por descubrir. 

La microbiota y su diversidad: un recurso que debemos conservar

La pérdida de biodiversidad vegetal implica más de lo que pensábamos hasta hace poco. Con cada planta que desaparece, perdemos la oportunidad de conocer su microbiota y las funciones de la misma, que podrían ser pistas claves para mejorar la agricultura y la salud de nuestros suelos. 

Conocer estas interacciones puede ser una fuente de conocimiento muy interesante para aplicar a nuestros sistemas agrícolas. Por ejemplo, ciertos microorganismos asociados a plantas silvestres podrían mejorar la absorción de nutrientes de cultivos domesticados, lo que reduciría el uso de fertilizantes y, por ende, el coste de producción y contaminación asociadas.  

Una vez más, estos avances nos hacen reflexionar sobre la importancia de la biodiversidad. Ahora, cuando veas una nueva especie en peligro de extinción, recuerda el mundo invisible que perdemos junto a ella, y la posibilidad de descubrir nuevas herramientas para algunos de los mayores desafíos actuales para la seguridad alimentaria.

Bibliografía

  1. Philippot, L., Raaijmakers, J. M., Lemanceau, P., & Van Der Putten, W. H. (2013). Going back to the roots: the microbial ecology of the rhizosphere. Nature Reviews Microbiology, 11(11), 789-799.
  2. Waqas, M., McCouch, S. R., Francioli, D., Tringe, S. G., Manzella, D., Khoury, C. K., … & Geilfus, C. M. (2025). Blueprints for sustainable plant production through the utilization of crop wild relatives and their microbiomes. Nature Communications, 16(1), 6364.

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2 Comentarios

  • Buenas tardes
    Muchas gracias por el maravilloso artículo
    Estoy totalmente de acuerdo, ya que me dedico a diagnósticos de suelos en la agricultura ecológica y los jardines. Como tenemos la suerte de trabajar por toda España, nos damos cuenta de lo pobre que están la mayoría de ellos. Cuando se le aporta lo necesario la vida en el suelo y fuera aparece de una forma equilibrada. Muchos de los problemas son derivados por la poca o ninguna vida.

    • Buenas Julio, qué bien que tu propia experiencia respalde esta información. Hay mucha desconexión a veces entre la ciencia de los suelos y la botánica y los profesionales que se dedican a ella, ¡qué bien que puedas ayudar a los demás para mejorar esa microbiota del suelo!

      Fdo. Carmen, directora de Málaga Ciencia.

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